40 milímetros
Calle del Mirador, número 24, 4ºA. Era la tercera mañana que se levantaba con esa secuencia en la cabeza decidido a entrar en su piso. Llegó y subió las escaleras. La puerta era la misma de siempre, con su laca vieja y su pomo oxidado. Tenía la llave en la mano y sabía que era tan sencillo como introducirla por el cerrojo y girar. La mano en el bolsillo agarraba la llave con rabia, le sudaba como siempre que se ponía nervioso. Sabía que eran solo 40 milímetros los que lo separaban de despertarse todas las mañanas a la 8 y desayunar con Valentina. Solo 40 milímetros para recuperar el despertador a las 7 y media y la ducha caliente, los pocos libros que aún no había prestado y su conexión a internet. 40 milímetros que no eran suficientes para ocultar el sonido del viento moviéndose por su casa, libre, como él no era ahora. Se sentía como un jilguero posado en una rama mirando su jaula desde fuera. Su vida entera estaba detrás de aquella puerta que no conseguía abrir. ¿Qué va hacer ahora? Lo volverá a intentar mañana.
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